Cuando el problema ya no es un diente sino el conjunto, el tratamiento se planifica completo: función primero, estética en el mismo movimiento.
Rehabilitar no es reparar piezas una por una. Es devolverle a la boca la capacidad de morder, masticar y hablar con comodidad, cuando faltan dientes o los que quedan están muy destruidos o desgastados.
Se plantea cuando el daño ya es de conjunto: ausencias que obligan a masticar de un solo lado, restauraciones antiguas que van cediendo a la vez, desgaste que fue bajando la altura de la mordida, o una combinación de todo eso a lo largo de los años.
Es la especialidad del Dr. Hazbun, junto con los implantes y la estética dental, y la razón por la que el centro reúne el diagnóstico digital y el laboratorio en un mismo lugar.
Ningún trabajo protésico dura sobre una base enferma. Por eso un plan de rehabilitación empieza resolviendo lo que está activo: la inflamación de las encías, las caries, las endodoncias pendientes.
Esa fase inicial no se ve en el espejo y suele ser la que más pesa en el resultado a largo plazo. Cuando la encía está estable y no hay focos activos, empieza la parte reconstructiva, que es la que sí se nota.
Según lo que muestre el diagnóstico, una rehabilitación puede combinar coronas sobre dientes propios, incrustaciones cuando queda estructura suficiente, puentes y prótesis sobre implantes dentales donde falta la raíz.
La elección no es de catálogo. Depende de cuánto diente queda, del estado del hueso y de la encía, de cómo cierran las dos arcadas y de la carga que esa zona va a recibir al masticar.
El escaneo intraoral sustituye a los moldes tradicionales para tomar los registros, y el diseño se trabaja en digital antes de fabricar nada.
Una rehabilitación amplia rara vez se resuelve en unas pocas citas, y no tiene por qué abordarse toda de una vez.
Lo habitual es ordenar el plan por prioridades: primero lo que duele o compromete la salud, después lo funcional, al final lo estético. Cada etapa se cierra en sí misma, de modo que usted sabe en qué punto está y qué sigue. El calendario se define en la consulta, cuando ya está el diagnóstico completo.
La rehabilitación parte de un problema funcional: piezas ausentes o muy dañadas que afectan la forma de morder y masticar. El diseño de sonrisa parte de la apariencia de los dientes visibles al sonreír. Se solapan a menudo, porque devolver la función suele implicar rehacer la forma, pero el punto de partida y las prioridades son distintos.
Varía mucho según el número de piezas, si hacen falta implantes y cuánto tiempo de cicatrización requiera cada fase. No es un tratamiento de semanas. El plan previsto, con sus etapas, se le explica después del diagnóstico.
Sí, y suele ser lo recomendable. El plan se ordena por prioridades clínicas y cada etapa cierra en un punto estable. Lo que no conviene es alterar ese orden por conveniencia, porque algunas fases dependen del resultado de la anterior.
No siempre. Los implantes resuelven la ausencia de la raíz, pero cuando quedan dientes propios en buen estado hay otras formas de reponer lo que falta. Qué corresponde en su caso depende de lo que muestre el estudio del hueso y de las piezas que conserva.
El plan se organiza para que usted mantenga función y apariencia mientras avanza, con soluciones provisionales cuando hace falta. Cómo se resuelve en su caso se define al planificar las etapas.
No hay una cifra general: depende del número de piezas, de los procedimientos que incluya y de cuántas etapas requiera. El presupuesto de su caso se le explica en la consulta de valoración, una vez hecho el diagnóstico.
Las dudas que no aparezcan aquí se resuelven en la consulta de valoración.
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